Las zorras de Bogotá
el 8 sep - sin comentarios
Zorras en Bogotá no sé si habrá, yo todavía no las he visto, pero de las que os voy a hablar hoy ni tienen patas ni cola -hay que ver lo mal pensados que sois algunos- y sirven para transportar chatarra y escombros. Reconozco que me he tenido que ir a Colombia para enterarme de que este nombre no está puesto al tuntún -a boleo, vamos-, ya que según la Real Academia Española zorra también es un carro bajo y fuerte para llevar de un sitio para otro pesos grandes. Pues de estas carretas tiradas por caballos que llenan las calles de Bogotá va esta historia.
Las zorras de Bogotá tienen los días contados. Hay un decreto gubernamental de mayo de 2010 que establece que antes del 31 de enero de 2012 estos vehículos de tracción animal tendrán que desaparecer de todo el país. Así que a los 3.500 carreteros -los que llevan las zorras- que se mueven por la ciudad -ganan entre 30 y 50 mil pesos diarios y de los que más de la mitad no tiene ni permiso de conducir porque son analfabetos- no les va a quedar más remedio que ponerse la pilas y cambiar sus carretas por un motocarro. Y ellos ¿qué dicen? Pues que no tienen dinero, que los dichosos motocarros van a costar entre 12 y 13 millones de pesos más la gasolina, que tienen menos capacidad y la carga que con la zorra transportan en un viaje les tocaría transportarla en cinco viajes con los nuevos vehículos. Menuda faena.
Pobres zorras, siempre han sido las grandes perseguidas. En el 2002 el entonces alcalde de la ciudad, Antanas Mockus, casi consigue acabar con ellas, pero al final los carreteros se buscaron una buena defensa y presentaron una demanda ante la Corte Constitucional argumentando que la medida de prohibición que quería aprobar el alcalde violaba su derecho al trabajo y a la libre circulación. En el 2003, la Corte les dio la razón. Ahora nadie las quiere ver por la calle y hasta tienen de grandes enemigas a las asociaciones de defensa de los animales y a varios grupos en Facebook.
Hay una ley que prohíbe a estos vehículos circular por las vías principales en horas puntas pero esto no lo cumple ni el gato. Y claro, qué pasa, que luego vienen los accidentes, los lloros y las protestas. El otro día salí de mi casa, baje a la Séptima -una de las arterias más transitadas de Bogotá-y me encontré un coche con toda la parte delantera destrozada después de haberse empotrado contra una de estas zorras y el caballo, malherido, que se había hecho caca del susto en medio de la calle.
Y yo, qué queréis que os diga....
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